Una sesión con los caballos.
Diciembre 16th, 2008 | Published in En portada, Reportajes
En esta ocasión quiero describir una sesión con los caballos real y que ilustra cómo se lleva a cabo y qué resultados se obtienen. A fin de respetar el anonimato de mi cliente cambiaré los nombres. Las fotografías adjuntas tampoco corresponden a esta persona.
Pilar tiene 35 años, casada y con una hija de cinco años. Es una mujer fuerte de carácter. Trabaja en una fábrica conduciendo un toro, donde le cambian el turno cada quince días con lo cual sus horarios de dormir se ven constantemente alterados. Además, es la que lleva la casa, las compras, todos los asuntos concernientes a su hija y también se ocupa de su madre que vive en la casa de al lado. Pilar también es una persona activa y social así que, cuando los turnos de la fábrica se lo permiten, hace actividades como danza del vientre, ayuda en proyectos del AMPA y procura que su hija también disfrute de una vida social y amena. Su marido trabaja fuera todo el día y llega a casa de noche.
Por toda la actividad que hay en su vida decidí hacer una sesión basada en el multi-tasking (multi tarea) y en pedir ayuda. Pilar tenía que ponerle etiquetas de cosas importantes en su vida a unos artículos (estos artículos pueden ser cualquier cosa ). Una vez etiquetados tenía que tirarlos aleatoriamente por la pista. Seguidamente tenía que escoger un caballo con el que quisiera trabajar y ponerle el nombre de una persona significativa en su vida; Pilar le puso el nombre de su marido – Carlos.
La actividad consiste en ir a buscar el caballo, recoger unos artículos y colocarlos en un lugar determinado que escoge el cliente dentro de la pista . (Es importante tener en mente que en la psicoterapia y coaching con caballos no existe un “bien” y un “mal”, o un “correcto” y “equivocado”. Lo que buscamos es cómo se resuelven las actividades, por qué procesos pasa el cliente para resolverlos y como activa su pensamiento lateral, y sobre todo el lenguaje corporal y actitud del caballo durante la tarea.)
Pilar escogió a Miguelito, un Paso Fino de 25 años, para metaforizar su marido – Carlos – que tenía que acompañarle en recoger las cosas importantes de su vida. Pilar había etiquetado los artículos con: ACEPTACIÓN, COMUNICACIÓN, EDUCAR, ESCUCHAR, TRABAJAR.
Entré a “Carlos” (Miguelito) en la pista y le pedí a Pilar que escogiera y le pusiera “el equipo” a “su marido”. Cuando Pilar quiso ponerle la cabezada a “Carlos” éste se fue tranquilamente caminando y Pilar le siguió. “Carlos” se paraba a olisquear los artículos y a comer alguna hierba suelta pero cada vez que Pilar intentaba ponerle la cabezada él se iba tranquilamente a otro lado. Pilar se agachaba para poner la cabezada. Esto ocurrió unas siete u ocho veces. “Carlos” se acercó a oler ACEPTACIÓN tres veces, COMUNICACIÓN dos veces y ESCUCHAR una vez en todo este tiempo.
“Carlos” estaba tranquilo, no habían señales de incomodidad o rechazo y estaba muy a gusto en la compañía de Pilar, simplemente no quería la cabezada. Primero Pilar se reía con la metáfora de que “Carlos” no quería la cabezada pero, poco a poco comenzó a cambiar su actitud. De repente se paró y dijo -No quiere. No se lo puedo poner. Le pregunté cómo se sentía al respecto y me contestó que disgustada. Le pregunté si esto se asemejaba en algo a una situación real en su vida. “Carlos” seguía a su lado moviendo su hocico por el suelo. Pilar se quedó pensativa y finalmente dijo -Bueno, mi marido está pero no ayuda mucho. Le comenté que era curioso que “Carlos” había seguido a su lado durante todo el tiempo y que ella se agachaba para poner la cabezada. Ella sonrió y reconoció que así ocurría en su casa, que era ella la que ‘tiraba del carro’ y la que cedía siempre. Le pregunté si así era como le gustaba. Me dijo que siempre había sido así.
Dirigí su atención a “Carlos” que seguía a su lado plácidamente y le pregunté qué creía que pensaba “Carlos” de todo esto. Contestó que ella siempre había adoptado el papel de fuerte en casa. Pilar comenzó a emocionarse. Comentó que ella sentía que tenía que hacer el papel de fuerte y que le daba miedo mostrar sus momentos débiles ante Carlos por si éste se desinteresaba por ella, que cuando se sentía débil se escudaba tras una máscara de “aquí no pasa nada”. Le reflexioné que si ella siempre “hacía buena cara” quizás Carlos no estaba al caso de lo que le pasaba.
-Supongo que no, y que en realidad mi marido no me conoce porque nunca me he mostrado tal y como soy.- contestó llorando.
De repente “Carlos” levantó la cabeza del suelo y soltó un suspiro. Entre risa y lágrimas dijo – ¡Vaya suspiro! Le pregunté a Pilar si quería probar de ponerle el “equipo” otra vez y me dijo que sí. En esta ocasión el caballo no ofreció resistencia alguna, se quedó quieto mientras Pilar lidiaba con la cabezada poniéndola del revés, luego rectificando y colocándola de nuevo. Pilar no paraba de exclamar lo “alucinante” que era que una vez había sacado la verdad de dentro como el caballo suspiró, cambió de actitud y se dejó poner la cabezada.
Iniciaron su recorrido por la pista, Pilar recogiendo los artículos con una mano mientras en la otra llevaba a “Carlos” del ronzal. Los artículos eran bastante grandes y con 3 en la mano era complicado recoger los otros sin que alguno se cayera. (En ningún momento se comenta cómo hay que recogerlos, si uno a uno o todos a la vez – esa decisión es del cliente y cómo éste interpreta cómo tiene que realizar la tarea.) Pilar comenzó por EDUCAR, luego recogió COMUNICACIÓN seguido de ACEPTACIÓN, ESCUCHAR y TRABAJAR. Cuando recogió ACEPTACIÓN comenzó a tener problemas para mantenerlos todos en su brazo libre sin que alguno se le cayera pero persistió en recogerlos todos juntos con gran dificultad. “Carlos” comenzó a sentirse incómodo por todo el movimiento a su lado y por el creciente estado de nervios de Pilar y comenzó a agitar la cola de vez en cuando y a querer irse de su lado. Finalmente Pilar decidió llevar los tres primeros artículos y luego regresar a por los otros dos.
Aprovechando este hecho le comenté si en su vida también actuaba así y si se había fijado en que “Carlos” había comenzado a inquietarse. Respondió que si y que además en su casa si su marido alguna vez se ofrecía a ayudar ella solía contestar – No, ya lo hago yo, es un momento. Pilar se dio cuenta de la metáfora de que siempre “recogía todos los artículos” a la vez aunque se le cayeran, que jamás pedía ayuda y que era ella la que se imponía la responsabilidad de “tirar del carro”.
También le resalté que “Carlos” había olisqueado ACEPTACIÓN tres veces y COMUNICACIÓN y ESCUCHAR dos y una vez respectivamente y por qué creía que el caballo se habría fijado precisamente en estos artículos. Me miró maravillada y dijo – Pues es verdad, y ahora que lo pienso, es por ese orden de importancia donde fallan las cosas en mi casa. Oye, los caballos no saben leer ¿verdad?
No, los caballos no saben leer, pero no es la primera vez que me ocurre esto en una sesión y además también con Miguelito. En una ocasión cogió 3 artículos con la boca que iban etiquetados con:TENGO MIEDO – QUIERO ESTAR SOLA – NOMBRE DE LA PAREJA, y los apartó del montón de uno en uno. Cuando los miré formaban una frase, los pusieras como los pusieras, y eran el reflejo exacto de lo que le sucedía a mi cliente que hasta ese día insistía en que quería seguir con su pareja.
A los dos días de la sesión con Pilar, me la encontré por el pueblo y le pregunté como estaba. Me dijo que había aprovechado su estado de ánimo y que cuando llegó a casa habló con su marido de todo lo que había pasado con Miguelito. Pudieron comunicarse y expresarse y por lo menos abrir una puerta hacía un entendimiento más claro y sincero como personas y pareja.
Algunas veces lo que ocurre en la pista con los caballos no tiene una explicación racional, pero ocurre y es muy poderoso. Los caballos tienen maneras insospechadas de reflejar lo que realmente ocurre dentro de una persona y sobre todo, son muy claros en demostrar si están a gusto o no. Pero lo que nunca deja de fascinarme es su capacidad de sacar esa verdad de dentro de cada uno de las personas que han pasado por mi casa; a veces tarda más, a veces menos, pero el resultado final es siempre el mismo y en la mayoría de los casos ni siquiera el propio cliente es consciente de ¡cuál es la verdadera verdad! hasta que los caballos les ayudan a clarificarlo.
Talia Soldevila Nightingale
Life Coach
Experta en Formación con Caballos
Certificación EAGALA Nivel 2
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